Mostrando entradas con la etiqueta AUGC. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta AUGC. Mostrar todas las entradas

09 junio 2015

LA REALIDAD EN LAS FUERZAS ARMADAS


El sábado se conmemoró el Día de las Fuerzas Armadas, una celebración oficial e institucional trufada de buenismo de salón y de autocomplacencia que oculta la realidad cotidiana en el seno de las unidades militares. Al día siguiente, domingo por la noche, en La Sexta TV la periodista Ana Pastor ofreció a los telespectadores su programa El Objetivo, donde entrevistó a la comandante del Ejército retirada, Zaida Cantera, que fue víctima de acoso sexual y laboral y que recientemente ha sido denunciada ante la Justicia Militar por su acosador, un coronel que cumplió una pena de cárcel en la prisión militar de Alcalá Meco y que ahora pretende vengarse acusándola de un delito de insulto a un superior.
 
Tras el testimonio de Zaida se abordó con todo rigor la situación de los militares en España y la Justicia Militar, en un debate donde participó la propia comandante Cantera; la diputada de UPyD Irene Lozano; el presidente de la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME), Jorge Bravo; y la comandante del Cuerpo Jurídico Militar en excedencia, Letizia Prieto. A los dos últimos los conozco personalmente y puedo afirmar que son grandes personas y magníficos profesionales. Y que todo lo que contaron es rigurosamente cierto.
 
Jorge Bravo, que ha estado varias veces privado de libertad disciplinariamente por el mero hecho de ejercer su libertad de expresión, aunque sea con total corrección como es el caso de este subteniente del Ejército, afirmó que “las Fuerzas Armadas son la asignatura pendiente de la Transición”. Y así es.
 
En apariencia las FAS están sometidas al poder civil, pero eso no es más que una burda ficción que los hechos se encargan de desmentir día a día. Para vestir esa ficción se nombra a un civil como Ministro de Defensa, pero no manda nada ni tampoco –y eso es lo peor–  tiene intención de hacerlo. Los que mandan son los generales del Ejército de Tierra y del Ejército del Aire y los almirantes de la Armada. Por más que el Parlamento haya dictado leyes que prevean algún tipo de modernización interna, ya sea de las FAS ya sea de la Guardia Civil, su aplicación efectiva y real ha sido siempre bloqueada por la cúpula militar y en último extremo por la Sala 5ª de lo Militar del Tribunal Supremo, compuesta en parte por generales del Cuerpo Jurídico Militar, quienes a través de la interpretación de las normas acaban dándole la vuelta al calcetín para hacer decir a la Ley lo que la Ley no dice. Así sucedió cuando se aprobó en 2007 que no se aplicara el Código Penal Militar en la Guardia Civil, excepto cuando sus miembros cumpliesen misiones de carácter militar o integrados en unidades militares, pero en la práctica no es así.
 
El programa de La Sexta habrá hecho que se les caiga la cara de vergüenza tanto a los dirigentes del PP como a los del PSOE, pues ambos convinieron en que el ámbito de Defensa y de los militares fuera regido por ellos mismos y que fueran ellos quienes se lo guisaran y se lo comieran. De hecho, no hay ninguna diferencia entre los ministros de Defensa socialistas o del PP (desde Narcís Serra, García Vargas, Suárez Pertierra, Eduardo Serra, Federico Trillo, José Bono, José Antonio Alonso, Carme Chacón o Pedro Morenés), porque ambas formaciones han gestionado idénticamente, es decir sin hacer nada por democratizar los Ejércitos. Pura impostura. El Rey Juan Carlos I se encargó de ello, un rey militar (como su abuelo Alfonso XIII que apadrinó una dictadura militar como la de Primo de Rivera) criado con los militares leales al generalísimo Franco y a quienes nunca ha querido defraudar ni enfadar más de lo imprescindible, protegiéndoles y amparando su oasis castrense en el que no debía penetrar la democracia.
 
Pero los tiempos han cambiado, la Transición está agotada y la Constitución debe reformarse porque la sociedad clama porque así sea. Y los militares deben someterse a la Carta Magna y democratizarse, a la vez que desaparece la jurisdicción militar. De no hacerlo así, nuestro país continuará siendo una democracia tutelada por los militares, parapetados en cuarteles donde la democracia no ha entrado todavía.

(Publicado en Mallorcadiario.com)

17 marzo 2015

ZAIDA Y "LOS NUESTROS"

 
A riesgo de ser acusado por el ministro de Defensa, Pedro Morenés, de manchar el buen nombre de las Fuerzas Armadas, pecado del que acusó frívolamente a la diputada de la Comisión de Defensa Irene Lozano (UPyD) y con el que pretende acallar toda crítica, voy a mostrar mi punto de vista sobre los casos de abusos que recientemente han saliendo a la luz pública en el ámbito militar. Me refiero a los que afectan al teniente Luis Gonzalo Segura y a la comandante Zaida Cantera.
 
Mi opinión no está basada en criterios meramente subjetivos, sino en mi experiencia personal -lo digo con toda modestia-, por haberlos vivido de cerca cuando no directamente y con perfecto conocimiento de todos los detalles, hasta los más pequeños. Mis responsabilidades en la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), primero como responsable de Comunicación y Prensa y más tarde como secretario general, me permitieron conocer de primera mano casos flagrantes e intolerables de abusos e injusticias que si son rechazables en cualquier ámbito, aún debieran serlo más en el ámbito de la Administración, aunque se trate de la Administración militar. No fue así. El ámbito castrense se demostró siempre como muy propicio a los abusos y extralimitaciones, sin que las víctimas pudieran, en la mayor parte de los casos, denunciar ni esperar protección de ningún tipo si los abusos procedían, como suele ocurrir, de elementos superiores en la cadena jerárquica. El mero hecho de denunciarlos era entendido como un ataque inasumible a la disciplina y al orden jerárquico, valores capitales a los que todo lo demás -incluida la eficacia y operatividad- están subordinados sin excepción.
 
La diferencia que observo claramente es que hace unos años lo que sucedía dentro de los cuarteles no parecía importar a nadie, por más esfuerzos que hacíamos desde las asociaciones profesionales por trasladar a la opinión pública los casos más graves de abusos e injusticias. Afortunadamente esto está cambiando y la ciudadanía -y también los medios de comunicación- no son ajenos a este tipo de circunstancias. Algo hemos avanzado. Y además, antes los denunciantes eran habitualmente soldados y guardias civiles de la escala básica, excepcionalmente algún sargento. Ahora vemos cómo también denuncian algunos oficiales, lo que demuestra que algo está cambiando y que cada vez hay más militares que no están dispuestos a soportar situaciones injustas o arbitrarias, no solo en las escalas inferiores, sino también entre los mandos.
 
Como digo, los abusos en el ámbito militar no son en absoluto excepcionales. No digo que no existan mecanismos legales para denunciarlos y reprimirlos, pero sí que activar estos mecanismos es muy dificultoso y que entrañan para la víctima una situación de vulnerabilidad añadida, ya que se coloca automáticamente en el punto de mira de la organización entera. Cuando el ministro Morenés habla de que desde su departamento existe "tolerancia cero" con el acoso sexual, se refiere a la teoría porque en la práctica la tolerancia cero es hacia quienes en calidad de víctimas, deciden en un ejercicio máximo de dignidad y amor propio, denunciar y enfrentarse a un superior, quien por el hecho de serlo goza de la protección de sus iguales en empleo o escala y del sistema en general. Inevitablemente se somete al denunciante/víctima a un escrutinio exagerado que a menudo ya supone un acoso per se. El sistema (la cadena jerárquica) tritura psicológicamente a quienes se atreven a plantar cara a un superior, por más razón que le asista, ya que le considera una amenaza al statu quo. En la gran mayoría de veces, se acosa a la víctima hasta conseguir que presente un cuadro de patología psicológica/psiquiátrica, lo que es utilizado inmediatamente  para desacreditar su relato: "pobrecito, está loco". He conocido decenas de casos que responden perfectamente a lo que en el ámbito civil se denomina mobbing y que en el ámbito militar ni siquiera existe, tal es la perfección de la "tolerancia cero" a la que se refiere Morenés. Y si no, que nos diga cuántos casos se han constatado de acoso laboral en las Fuerzas Armadas (o en la Guardia Civil) en los últimos 10 años. ¡Ni uno!

No quiero citar a nadie porque sería injusto olvidarme algún nombre, pero ahora recuerdo a magníficos profesionales que se atrevieron a plantar cara y a anteponer su dignidad por encima de todo. Fueron masacrados por ello. Algunos fueron expulsados, muchos privados de libertad como si fueran delincuentes peligrosos y separados de sus familias. Muchos fueron declarados no aptos para el servicio y fueron jubilados (con el enorme coste para las arcas públicas que eso conlleva) y enviados a sus casas en tal de apartarlos del resto del personal, como si se tratara de un virus. Sé de lo que estoy hablando. Unos pocos siguen en activo, con un enorme coste profesional y personal. El caso de la comandante Zaida Cantero y del teniente Gonzalo Segura son graves y por eso han sido objeto de atención por parte de la prensa, pero puedo asegurar que no son extraordinarios, sino mucho más habituales de lo que la gente imagina.

Mientras los militares no sean considerados por la Administración como trabajadores públicos con dignidad y sujetos de derechos, una parte del franquismo seguirá perviviendo en los cuarteles de los Ejércitos y en los Puestos de la Guardia Civil. La gente no lo verá, pero de puertas para dentro este país continúa con ciertas instituciones, como a las que nos referimos, que no han interiorizado la Constitución ni los Derechos Humanos. Al menos ahora salen a la luz algunos episodios, vergonzosos y vergonzantes, que sirven para que algunos abran los ojos sobre la realidad que sufren los militares y los guardias civiles en España, uno de los pocos países de la Unión Europea que utiliza a militares para tareas de policía, aunque a nadie le importa. El caso de Zaida da idea de la degradación moral de la institución militar. La serie de televisión "Los nuestros", que emite Telecinco y patrocina el ministerio de Defensa, es pura ciencia ficción y pretende engañar a los ciudadanos sobre lo que pasa en los cuarteles. La realidad es Zaida. Lo cotidiano. Lo repugnante.
 
(Publicado en http://www.mallorcadiario.com/zaida-y-los-nuestros/)
 

09 julio 2013

UN ENORME PASO ATRÁS EN LA GUARDIA CIVIL

El 20 de enero de 2007 miles de agentes de la Guardia Civil nos manifestamos de uniforme, convocados por la mayoritaria Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), bajo el lema “Derechos ¡ya!”. Yo entonces lideré la propuesta como secretario general de la organización convocante. Fui elegido en septiembre de 2006 con un encargo muy claro: exigir el cumplimiento del programa electoral del PSOE, que en 2004 se comprometió a eliminar los arrestos del régimen disciplinario de los guardias civiles, así como restringir la aplicación del Código Penal Militar a las misiones militares (que son poquísimas y excepcionales) y no durante las misiones policiales (que son las comunes y generalizadas). Y también la regulación del asociacionismo profesional en el instituto armado, de modo similar al reconocido a jueces y fiscales.
 
Nosotros hicimos generosas concesiones porque realmente nuestro anhelo y el de la inmensa mayoría de guardias civiles era entonces, como ahora, la unificación de la Guardia Civil con el Cuerpo Nacional de Policía (eso sí que supondría ahorro y poner fin al despilfarro de dos megaestructuras policiales paralelas, una civil y otra militar, descoordinados y compitiendo entre sí), la desmilitarización de la Guardia Civil y el reconocimiento del derecho de sindicación.
 
A través de la negociación con el Gobierno y con el Grupo Parlamentario Socialista logramos llegar a un terreno común aceptable para el PSOE y para nosotros, que todos los grupos de la oposición aplaudieron (Convergencia i Unió, Esquerra Republicana de Catalunya, Partido Nacionalista Vasco, Izquierda Unida, Coalición Canaria, Bloque Nacionalista Galego, Chunta Aragonesista y Eusko Alkartasuna), excepto el Partido Popular, para quien resultó inaceptable, al igual que para la cúpula militar de la Guardia Civil y del Ministerio de Defensa, que se conjuraron para no aplicar aquello que el Parlamento aprobó mayoritariamente en su día a través de dos leyes orgánicas (la 11/2007 y la 12/2007, aprobadas en octubre de 2007). La Justicia Militar fue la encargada de revestir de una apariencia legal lo que constituía una flagrante y persistente incumplimiento de la Ley y de su espíritu. Pese a la modificación del Código Penal Militar para evitar su aplicación a los guardias civiles cuando realizasen funciones policiales, se continuó aplicando a través de una interpretación torticera de la Ley y con la excusa de que la Guardia Civil continuaba siendo un cuerpo militar.
 
19 dirigentes de AUGC fuimos expedientados y sancionados duramente. Yo mismo, el cabecilla de la revuelta y quien llevó el peso de las negociaciones, fui apartado de la Guardia Civil durante un año y casi 6 años después de haber sido sancionado y de haber cumplido la sanción, aún estoy a la espera de que la Sala de lo Militar (¡qué paradoja!) del Tribunal Supremo diga la última palabra sobre la legalidad o no de la sanción. ¡6 años esperando una resolución firme.
 
 
Abandoné la Guardia Civil en noviembre de 2011, pronto hará 2 años, y aunque a mí ya no me afecta personalmente, se ha anunciado que el Partido Popular se dispone a reformar el Código Penal Militar, lo que supone un paso atrás y un retroceso a la situación anterior al año 2007, volviendo a introducir la aplicación de las leyes penales militares en la Guardia Civil. El Partido Popular estuvo completamente sólo en 2007 defendiendo las cárceles militares para castigar a los guardias civiles. Ahora consiente en ceder ante el conservadurismo más inmovilista y devolver a los guardias civiles al marco legal anterior a 2007 sin pensar en las consecuencias de este retroceso: que volverán a aflorar los problemas que atenazaban a los guardias civiles sin posibilidad de resolución.
 
El PP no entiende que la Guardia Civil no es más eficaz por ser militar, sino todo lo contrario. Y que en todo caso, tratar del mismo modo a los miembros de la Guardia Civil que a los militares profesionales es un despropósito, porque sus misiones nada tienen que ver. Los guardias civiles no son legionarios, ni infantes de marina, ni paracaidistas, ni sus misiones tienen que ver con las de las Fuerzas Armadas. Son agentes de policía que realizan misiones relativas a la seguridad ciudadana. Empeñarse en darles un trato que no es el adecuado avivará tensiones y problemas que ya hace años deberían haberse superado. Este empecinamiento del PP en tratar a todos los militares igual, sin atender ni entender que la Guardia Civil no forma parte de las Fuerzas Armadas, es incomprensible.

Sólo deseo que AUGC y las demás asociaciones profesionales estén a la altura de las circunstancias y de la gravedad del paso atrás que se pretende imponer, y estén dispuestas a combatir democráticamente para impedir un atropello de este calibre. Que lo que nos llevó a manifestarnos a la calle en 2007, vuelva a convocarnos ahora, sin ningún miedo.
 

30 diciembre 2011

EL NUEVO MINISTERIO DEL INTERIOR Y LA GUARDIA CIVIL


Ya sabemos quiénes serán los integrantes de la cúpula del ministerio del Interior. El nuevo titular de la cartera, Jorge Fernández Díaz, ha decidido que Ignacio Ulloa sea el nuevo secretario de Estado de Seguridad, el número dos del ministerio. Y al frente de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado situará a Ignacio Cosidó en el Cuerpo Nacional de Policía y a Arsenio Fernández de Mesa en la Guardia Civil. El Partido Popular finiquita así el fracasado experimento del “mando único” que ideó el entonces ministro José Antonio Alonso, aunque fue puesta en marcha por Alfredo Pérez Rubalcaba el 8 de septiembre de 2006, situando al frente al mallorquín Joan Mesquida.


Cuando se anunció en 2006 la creación del mando único, con un mismo director general para ambos cuerpos, en cumplimiento del compromiso electoral del PSOE, todos pensamos ilusionados que significaría paulatinamente una homologación de protocolos, procedimientos, organización y estructuras de los dos cuerpos, hasta llegar progresivamente con el paso tiempo a una unificación total entre Policía y Guardia Civil, que siempre he pensado que sería lo mejor. Rápidamente nos dimos cuenta de que no iba a ser así y que se trataba únicamente de una medida cosmética para hacer creer a la ciudadanía que la coordinación era mayor entre ambos cuerpos. Hemos de reconocer que en ciertos aspectos se avanzó, porque la situación de partida era nefasta, pero desde luego el hecho de tener un mando único no ha servido para mucho. En la Guardia Civil solo ha servido para multiplicar el número de generales. Cuando el PP abandonó el poder en 2004 había 17 generales y ningún teniente general. En la actualidad hay justo el doble, 34 generales (4 tenientes generales, 22 de brigada y 8 de división). Esta proliferación vírica de altos cargos, absolutamente desproporcionada e injustificada, supone un coste brutal en sueldos, viviendas, coches oficiales y otras prebendas propias de estos altos mandos como la limpieza de sus viviendas particulares con cargo a los presupuestos generales del Estado, entre otras. Y sin ningún provecho. Estamos hablando de algunos millones de euros anuales.

Además, el mando único ha supuesto un enorme y creciente malestar entre los funcionarios de ambos Cuerpos debido a las diferencias en las condiciones laborales de los agentes y los derechos sindicales y de representación. Se ha hecho más patente que a pesar de tener el mismo director general, a unos se les trata de una forma por el hecho de pertenecer a un Cuerpo de naturaleza civil y a otros de otra muy diferente y más gravosa por el hecho de estar en un Cuerpo militar, a pesar de que todos ellos desempeñan la misma función.

En la actualidad, las relaciones de las asociaciones profesionales de guardias civiles con el ministerio del Interior están completamente rotas y los dirigentes de aquellas están expedientados y sancionados en su gran mayoría sin que hayan sacado ningún logro para el colectivo. Y veo muy difícil reconstruir los puentes y el diálogo por parte de los dirigentes de las asociaciones, incapaces de dar el relevo o de modificar su estrategia, por lo demás errática y fracasada hasta el momento. El nuevo director general de la Benemérita no será en este asunto muy favorecedor del diálogo, sino todo lo contrario. Su trayectoria como Delegado del Gobierno en Galicia en los tiempos del presidente Aznar y del Prestige le describe como una persona muy beligerante con el movimiento asociativo en la Guardia Civil y mucho más con AUGC. Un viejo enemigo de la organización accede al principal despacho de Guzmán el Bueno. Les van a caer más palos que a los olivos en la recogida de la aceituna. Y no me alegro.


El PSOE defraudó las expectativas de la inmensa mayoría de los guardias civiles, quienes le dieron la espalda hartos de menosprecio, mentiras y represión. Los socialistas han transitado en su relación con las asociaciones profesionales desde una etapa de diálogo y cooperación entre los años 2001-2004 (hasta el punto de incluir algunas de las más importantes demandas de AUGC en su programa electoral) hasta la incomunicación total y las medidas represivas de ámbito disciplinario contra los dirigentes de la organización mayoritaria. Esta evolución debiera ser objeto de análisis por parte del PSOE tras su Congreso Federal que se celebrará el próximo febrero en Sevilla. El PSOE perdió de forma absurda el apoyo de miles de guardias civiles y sus familias, y el responsable máximo de esta pérdida de apoyo fue Alfredo Pérez Rubalcaba (aunque hay que reconocer que Carmen Chacón desde el ministerio de Defensa contribuyó en todo lo que pudo), primero por las reticencias a cumplir sus compromisos electorales, lo que definiríamos como su inmovilismo inicial y más tarde su falta de diálogo, su menosprecio, hasta llegar a la represión pura y dura. Terminaron incluso por pactar indecentemente con el PP dar pasos atrás en los derechos reconocidos a los guardias civiles en la Ley de Derechos y Deberes de 2007. He aquí los resultados cosechados con esta política tan poco socialista y tan alejada de los trabajadores de la Guardia Civil.

En el manifiesto “Mucho PSOE por hacer” se reconoce en el punto 8 que otro factor importante de la pérdida de apoyos sufrida por el PSOE “ha sido la pérdida de credibilidad sufrida a lo largo de los últimos años”. Los puntos 18 y 19 ahondan en lo anterior: “A nuestro juicio la pérdida de credibilidad y coherencia ha sido fruto de la erosión de nuestros mecanismos democráticos y del aislamiento social progresivo de nuestro partido. Ese es el porqué de nuestros errores. Antes de que los ciudadanos se alejaran de nosotros, nosotros nos alejamos de los ciudadanos. (…) La exclusiva concentración en las tareas institucionales y el ensimismamiento orgánico nos han llevado a perder en buena medida el pulso de la calle. Y una lealtad mal entendida ha hecho que se omitieran críticas necesarias y ha evitado que ese pulso se transmitiera hacia la dirección de nuestra organización”.


Deseo francamente que el PSOE analice en profundidad y con autocrítica por qué sus votantes les han abandonado, o como a menudo suelo decir, por qué motivo el PSOE abandonó a sus votantes. Solo así podrán corregir los errores cometidos en los últimos cuatro años de gobierno. Y por parte de AUGC, deseo lo mismo: que analicen de forma autocrítica los motivos de su fracaso en los últimos años. Pero en este caso reconozco que mi esperanza es nula. Mientras los actuales dirigentes no reconozcan el fiasco de su gestión y den el relevo a otros más competentes que puedan hacer lo que ellos ya no pueden de ningún modo, que es reconstruir los puentes de diálogo sin debilidades derivadas de su situación personal e individual, no hay nada que hacer para la que un día fue una asociación profesional combativa y fuerte, y ahora no hay quién la reconozca. Nada me gustaría más que AUGC dejara de ser una triste correduría de seguros, para volver a ser un sindicato como la copa de un piso.

27 julio 2011

AUGC, MUDA Y ATADA DE PIES Y MANOS



“Ellos primero sancionan a los representantes, luego nos hacen el recorte de derechos y el propio director general en el Consejo de la Guardia Civil dice que va a ser benévolo con los expedientes... ésa es la moneda de cambio. Han hecho la jugada perfecta, nos han dejado prácticamente mudos”. Alberto Moya. AUGC.

Esta es la sincera confesión del secretario general de AUGC, Alberto Moya, expresada al diario El Faro de Ceuta el domingo 17 de julio. Son la moneda de cambio y están prácticamente mudos y con ellos, toda la Guardia Civil.

Uno a uno, mis pronósticos se han ido cumpliendo rigurosamente. No me alegro. La nula capacidad de maniobra de los dirigentes de AUGC derivada de su manifiesta incompetencia y su negligente gestión está llevando a todos los guardias civiles a una situación límite. Si a finales de 2007 habíamos conseguido, a través de la persuasión -combinando presión y negociación- unos avances importantes e inauditos en los derechos laborales y profesionales del colectivo, casi cuatro años más tarde los retrocesos son innegables. El último de ellos y el más importante, aunque no el único, ha sido la supresión del derecho de reunión y manifestación pactado entre PSOE y PP a través de una enmienda en el Senado a la Ley de Contratos del Sector Público en los ámbitos de la Defensa y de la Seguridad que se acaba de aprobar. El zarpazo a los derechos de los guardias civiles es mayúsculo, con respecto a lo logrado en 2007. Pero ¿por qué sucede esto? A mi entender, el Gobierno se atreve a dar estos tijeretazos en los derechos de los guardias civiles porque no espera ni teme respuesta alguna que merezca tal nombre. Ya lo avisé en este mismo blog en diciembre del año pasado. Han transcurrido 7 meses y ahora la situación es considerablemente peor. No solo para los dirigentes de AUGC, que también, sino que en la situación de extrema debilidad en que se hallan, han arrastrado a todo el colectivo con ellos y han tirado por la borda buena parte de los logros conseguidos años atrás con mucho esfuerzo y con grandes sacrificios, arruinando el trabajo hecho por quienes les precedieron en la dirección de la Asociación. Rubalcaba les colocó al borde del precipicio y ellos han dado un paso al frente, arrastrando en su caída a todo el colectivo.

La actual Junta Directiva de AUGC con el apoyo de algunas delegaciones importantes y con el silencio de la mayoría de los delegados, que se lo han permitido mirando irresponsablemente hacia otro lado, como si no fuera con ellos, ha desmantelado en buena medida la Asociación tal y como estaba en el año 2007, que es cuando se conseguían objetivos. Desde principios del año 2008 hasta el momento presente, se empeñaron en cambiar todo el trabajo que se había hecho en el ámbito organizativo y de gestión interna –y conste que no fue obra mía ni de mi equipo, sino que lo heredé de mi antecesor, Fernando Carrillo, porque nunca me permití el lujo de ponerme a revolverlo todo mientras funcionase razonablemente bien, pues eso nos despistaba y nos alejaba de nuestros objetivos prioritarios– y entretenidos en crear problemas, cambiar de bancos, aseguradora, operadores de telefonía, empresa de publicidad, publicaciones, abogados, sede nacional, compra de pisos, despidiendo al personal, etc. etc., no han estado a lo que realmente importa a los guardias civiles: sus derechos y su situación laboral y profesional. Los máximos responsables de AUGC, haciendo gala de una negligencia nunca vista, no han estado a lo que había que estar -y eso que están liberados-, sino en otras cosas que a los afiliados, los verdaderos dueños de la organización, no les interesan lo más mínimo, ellos sabrán con qué motivación. Una organización que algún día aspira a ser un sindicato, se ha dedicado a deslocalizar y a despedir a los trabajadores por capricho. A eso se han dedicado los dirigentes actuales y así nos va a todos.

Me ratifico en lo que dije meses atrás y además, añadiré algún ejemplo de acción absurda, a parte del numerito de los guardias encapuchados. Se ha puesto en marcha una campaña de recogida de firmas con la intención de presentar una Iniciativa Legislativa Popular para reformar la Ley de Personal de la Guardia Civil. Según establece la Ley Orgánica 3/1984, se requieren 500.000 firmas. Con eso se consigue que los responsables de la organización a nivel provincial estén entretenidos recogiendo firmas, pero parece que nadie se esté preguntando para qué va a servir este ímprobo esfuerzo organizativo. Yo responderé: ¡Para nada! Será absolutamente inútil porque además, en el improbable caso de que se consiga reunir las firmas requeridas –la propia Junta Directiva Nacional de AUGC ha reconocido la dificultad de la empresa en un comunicado hecho público– lo más probable es que la Mesa del Congreso de los diputados, con los votos de PP y PSOE voten su inadmisión a trámite. Pero mientras tanto, centenares de compañeros y compañeras habrán estado movilizados trabajando, perdiendo el tiempo y gastando recursos para nada. Recuérdese que en los 32 años de democracia, sólo se ha aceptado por el Pleno del Congreso una única ILP de las 9 presentadas. ¿Es realista pensar que la segunda que se apruebe será la nuestra? En este asunto, como en tantos otros, se está haciendo el ridículo absoluto. Somos el hazmerreírr.

Merecería la pena detenerse en la política absurda y un tanto irresponsable de ir de la manita de la Unión de Oficiales y de otras asociaciones, cuando sus intereses distan mucho de los de la generalidad de nuestros afiliados. El colmo del despropósito y un ejemplo clarificador del grado de renuncia que AUGC hace de sus principios, su historia y las aspiraciones de sus afiliados es observar en la web de la citada asociación profesional defensora de los derechos de una parte de los siempre privilegiados oficiales, el logotipo de AUGC sobre una afirmación tan falsa como esta: “Queremos ser militares, pero con derechos”. Nunca en mi vida creí llegar a leer esta declaración de principios bajo el logotipo de AUGC. Y así, no es raro que el PSOE utilice a su conveniencia "nuestro deseo" de querer ser militares, para igualarnos en derechos con los miembros de las FAS. Un auténtico dislate.

Las amenazas de dimitir del Consejo de la Guardia Civil proferidas ante el propio presidente del Consejo el día 20 de junio, constituyen otro ejemplo más de la supina irresponsabilidad que embarga a nuestros dirigentes y de su comprometida situación. Porque las dimisiones no se anuncian, ¡se presentan! En AUGC no. En AUGC lo anuncian a bombo y platillo, se lo dicen al director y a los generales, a ver si consiguen asustarles... pero ahí siguen, en el Consejo y sin dimitir. Y con tanto farol y con tanta amenaza de dimisión pero sin hacerla efectiva jamás, porque nunca se les ha pasado por la cabeza seriamente, la credibilidad de AUGC está por los suelos y sin margen de maniobra. ¡Patético! Los dirigentes actuales han pasado de recibir en pie al director general del Cuerpo en sus asambleas y tomarse cubatas con diputados del PSOE a que no les cojan el teléfono, sin solución de continuidad. Y claro está, la frustración y el desconcierto son enormes.



Como respuesta a los retrocesos en materia de derechos, la Junta Directiva de AUGC ha anunciado, junto a otras asociaciones profesionales, una nueva manifestación. Otra más y van tres. A parte de la creación de una Asociación de familiares a la antigua usanza. Pero no se dan cuenta que una manifestación por sí misma, si no va acompañada de más acciones, de una estrategia continua, no hará que se consiga nada. Igual que las anteriores que han organizado estérilmente. Al respecto, me remito a mis reflexiones de diciembre del año pasado. Pero quiero añadir algo más. ¿Cuántas manifestaciones ha organizado AUGC ha nivel nacional desde la aprobación de la Ley de Derechos y Deberes de los guardias civiles? Si la memoria no me falla, llevamos dos (18-10-2008 con los sindicatos de la Policía Nacional y 18-9-2010 con otras asociaciones de guardias), a parte de otras concentraciones menores. ¿Qué se ha conseguido? Nada, a parte de acumular expedientes disciplinarios sin ningún beneficio. Nada. ¿Por qué? Porque el planteamiento es erróneo desde su mismo origen. Ya pasó en el año 2007 y hubo gente que no lo entendió. Las manifestaciones no son un fin por sí mismo, sino un instrumento para lograr un objetivo superior. Aquí funcionan a base de acción-reacción y no hay más estrategia que esa. Ahí termina todo. Y así no puede haber más que lo que hay: unos dirigentes que no son más que figurantes, unos de historia lúgubre, otros verbosos y todos unidos  en matrimonio perpetuo con el fracaso.

Tras cada manifestación ha habido, cómo era previsible, apertura de expedientes disciplinarios y no se ha conseguido nada de nada, sencillamente porque nuestros dirigentes lo primero que han hecho ha sido exigir cobardemente el archivo de sus expedientes, sin entrar a negociar nada más. Han dejado clarísimo al Gobierno lo atemorizados que están, dónde está su punto flaco y que arreglar la situación de los expedientados es lo primero y de esta forma, se han convertido en rehenes del Ejecutivo. Ahora, los dirigentes-rehenes proponen una nueva manifestación pero ¿qué se pretende conseguir? ¿Es realista pensar que el Parlamento o el Gobierno darán marcha atrás en su decisión de prohibir las manifestaciones reivindicativas de guardias, solo porque se vuelva a convocar otra manifestación por parte de aquellos a quienes los dos partidos mayoritarios acaban de privar de ese derecho? Es obvio que no y que eso lo complicará todo aún más. Persistiendo en esta política improvisada, suicida e inútil, vamos a conseguir hacer bueno aquello que decía José Saramago en su novela 'Las intermitencias de la muerte': “Las manifestaciones nunca han servido para algo. De otro modo, nunca se autorizarían”.

Hubo una manifestación que sirvió y de mucho: la del 20 de enero de 2007. También la del 22 de abril de 2006, ambas en la Plaza Mayor de Madrid, que le costó el cargo a Carlos Gómez Arruche. ¿Ya nadie se acuerda? Es normal que no, dado que muchos de los delegados actuales ni siquiera estaban en la Asociación, por lo que no han conocido los tiempos en que se conseguían los objetivos. Sé muy bien la diferencia entre aquellas movilizaciones eficaces y las sucesivas, estériles. Entonces había una estrategia que no se acababa con la manifestación y existía la determinación nítida de no parar hasta lograrlo, pagando el precio que hiciese falta sin quejarnos, además de que teníamos capacidad de persuadir, lo que no sucede ahora. Nunca se habló con la Administración, con posterioridad a las manifestaciones, de expedientes disciplinarios ni sanciones. Jamás, aunque es verdad que hubo quienes se fueron al PSOE a negociar por su cuenta. Son algunos de los que ahora lloran cobardemente porque no les cierran sus expedientes… ¿Dónde está el elemento diferenciador de las manifestaciones que han sido útiles de las que han sido inútiles? Los dirigentes de la Asociación y sus planteamientos para evitar ser sancionados. Quien no lo quiera ver, que no lo vea, pero esta ceguera colectiva que embarga a los delegados provinciales de AUGC nos está llevando a todos 15 años atrás. Y eso es imperdonable. La responsabilidad de lo que está pasando ya no es solo del PSOE ni del PP, sino que los responsables de la Asociación -también de la mayoría de los delegados provinciales- se han hecho cómplices consintiendo que la organización esté desarmada y muda, permitiendo que se les utilice como moneda de cambio. No hay capacidad de influir, ni vías de interlocución. NO HAY NADA Y ASÍ NOS VA A TODOS POR SU INCAPACIDAD Y SU DESIDIA...

Los cauces de comunicación con la Administración están rotos. No hay estrategia. No hay estructura adecuada y eficaz en la organización para llevarla adelante, como sí hubo en su día. Y los interlocutores están absolutamente quemados, sin posibilidad de reconducir la situación, a parte de que no están capacitados para hacer frente a situaciones difíciles. Cada errático paso que se da agrava el problema y cada día que pasa, también. No hay más salida que buscarles sustitutos, porque de seguir así van directos a la inmolación profesional y personal. Y con ellos están arrastrando a AUGC. El martirio a cambio de nada. Las llamadas retóricas a la lucha, las arengas y las soflamas del tipo “¡Ganaremos esta batalla! ¡Podemos! ¡Lo vamos a conseguir! ¡A por ellos…!”, son esperpénticas y ridículas, suenan huecas y no conducen a ningún lado. El propio secretario general lo reconoce con franqueza en la entrevista que he citado al principio. Están mudos, además de atados de pies y manos y a merced de la Dirección General y de los generales. Y con ellos, todos nosotros y la propia organización. Sin embargo, su análisis es de una simpleza alarmante, porque lo que debería preguntarse Alberto Moya y los demás es ¿cómo se ha llegado a esto? ¿Cómo es posible que AUGC haya pasado de la victoria al fracaso en tan poco tiempo? Durante su mandato, esta organización ha perdido de forma alarmante su influencia, la capacidad de respuesta y la presencia mediática. Y todo eso nos lleva al deprimente punto en el han colocado a todos los guardias civiles.


Exhorto a los responsables provinciales y nacionales de la organización a detenerse, reflexionar sobre dónde están, qué se ha conseguido en los últimos años y a la vista de esta reflexión, plantearse TODAS las posibilidades posibles para salir de este embrollo. Ya no se trata de apoyar a los colegas con medidas improvisadas sin calcular las consecuencias. La simple y estúpida acción-reacción no conduce a nada. La convocatoria de una nueva manifestación, sin más, es otro ejemplo de lo que acabo de explicar. Se trata de los guardias civiles y del futuro de AUGC. Y también, por qué no decirlo, del futuro profesional de los dirigentes expedientados. Ellos ya no pueden aportar nada más a la lucha y su futuro está seriamente comprometido, sin –y esto es lo peor– haber conseguido avances en nuestros derechos, sino todo lo contrario. Son un estorbo y ellos lo saben. O toman el timón caras nuevas, sin las mordazas y ataduras que tienen estos, o dentro de siete meses la situación será aún peor de lo que es ahora. Cuanto más tarde la organización en ver esto, más hondo será el pozo del que habrá que salir. Los dirigentes actuales y el colectivo con ellos. Y lamentablemente, quizás habrá quienes no puedan de salir de él y no habrá forma de ayudarles. Me gustaría equivocarme pero creo que será así, para desgracia de todos.

El 2 de diciembre del año pasado terminé mi artículo así: “Lamento la situación enormemente, pero mientras no se reconozca por parte de todos los dirigentes actuales de AUGC, sean del ámbito que sean, que la actual JDN está abrasada e incapaz de solucionar el conflicto sin arder ellos mismos arrastrándolos a todos, no hay razones para pensar que la situación pueda remontar”. El tiempo me está dando la razón inexorablemente. Hoy estamos peor que hace medio año y muchísimo peor que hace cuatro años, y no hay razones para pensar que la situación vaya a mejorar. ¿Qué hace la Asociación y sus dirigentes al respecto? Nada, porque nada pueden hacer en estas circunstancias. Hay que ponerle remedio ya, sin demora, porque AUGC se está jugando mucho. Se lo está jugando TODO.