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27 julio 2011
AUGC, MUDA Y ATADA DE PIES Y MANOS
“Ellos primero sancionan a los representantes, luego nos hacen el recorte de derechos y el propio director general en el Consejo de la Guardia Civil dice que va a ser benévolo con los expedientes... ésa es la moneda de cambio. Han hecho la jugada perfecta, nos han dejado prácticamente mudos”. Alberto Moya. AUGC.
Esta es la sincera confesión del secretario general de AUGC, Alberto Moya, expresada al diario El Faro de Ceuta el domingo 17 de julio. Son la moneda de cambio y están prácticamente mudos y con ellos, toda la Guardia Civil.
Uno a uno, mis pronósticos se han ido cumpliendo rigurosamente. No me alegro. La nula capacidad de maniobra de los dirigentes de AUGC derivada de su manifiesta incompetencia y su negligente gestión está llevando a todos los guardias civiles a una situación límite. Si a finales de 2007 habíamos conseguido, a través de la persuasión -combinando presión y negociación- unos avances importantes e inauditos en los derechos laborales y profesionales del colectivo, casi cuatro años más tarde los retrocesos son innegables. El último de ellos y el más importante, aunque no el único, ha sido la supresión del derecho de reunión y manifestación pactado entre PSOE y PP a través de una enmienda en el Senado a la Ley de Contratos del Sector Público en los ámbitos de la Defensa y de la Seguridad que se acaba de aprobar. El zarpazo a los derechos de los guardias civiles es mayúsculo, con respecto a lo logrado en 2007. Pero ¿por qué sucede esto? A mi entender, el Gobierno se atreve a dar estos tijeretazos en los derechos de los guardias civiles porque no espera ni teme respuesta alguna que merezca tal nombre. Ya lo avisé en este mismo blog en diciembre del año pasado. Han transcurrido 7 meses y ahora la situación es considerablemente peor. No solo para los dirigentes de AUGC, que también, sino que en la situación de extrema debilidad en que se hallan, han arrastrado a todo el colectivo con ellos y han tirado por la borda buena parte de los logros conseguidos años atrás con mucho esfuerzo y con grandes sacrificios, arruinando el trabajo hecho por quienes les precedieron en la dirección de la Asociación. Rubalcaba les colocó al borde del precipicio y ellos han dado un paso al frente, arrastrando en su caída a todo el colectivo.
La actual Junta Directiva de AUGC con el apoyo de algunas delegaciones importantes y con el silencio de la mayoría de los delegados, que se lo han permitido mirando irresponsablemente hacia otro lado, como si no fuera con ellos, ha desmantelado en buena medida la Asociación tal y como estaba en el año 2007, que es cuando se conseguían objetivos. Desde principios del año 2008 hasta el momento presente, se empeñaron en cambiar todo el trabajo que se había hecho en el ámbito organizativo y de gestión interna –y conste que no fue obra mía ni de mi equipo, sino que lo heredé de mi antecesor, Fernando Carrillo, porque nunca me permití el lujo de ponerme a revolverlo todo mientras funcionase razonablemente bien, pues eso nos despistaba y nos alejaba de nuestros objetivos prioritarios– y entretenidos en crear problemas, cambiar de bancos, aseguradora, operadores de telefonía, empresa de publicidad, publicaciones, abogados, sede nacional, compra de pisos, despidiendo al personal, etc. etc., no han estado a lo que realmente importa a los guardias civiles: sus derechos y su situación laboral y profesional. Los máximos responsables de AUGC, haciendo gala de una negligencia nunca vista, no han estado a lo que había que estar -y eso que están liberados-, sino en otras cosas que a los afiliados, los verdaderos dueños de la organización, no les interesan lo más mínimo, ellos sabrán con qué motivación. Una organización que algún día aspira a ser un sindicato, se ha dedicado a deslocalizar y a despedir a los trabajadores por capricho. A eso se han dedicado los dirigentes actuales y así nos va a todos.
Me ratifico en lo que dije meses atrás y además, añadiré algún ejemplo de acción absurda, a parte del numerito de los guardias encapuchados. Se ha puesto en marcha una campaña de recogida de firmas con la intención de presentar una Iniciativa Legislativa Popular para reformar la Ley de Personal de la Guardia Civil. Según establece la Ley Orgánica 3/1984, se requieren 500.000 firmas. Con eso se consigue que los responsables de la organización a nivel provincial estén entretenidos recogiendo firmas, pero parece que nadie se esté preguntando para qué va a servir este ímprobo esfuerzo organizativo. Yo responderé: ¡Para nada! Será absolutamente inútil porque además, en el improbable caso de que se consiga reunir las firmas requeridas –la propia Junta Directiva Nacional de AUGC ha reconocido la dificultad de la empresa en un comunicado hecho público– lo más probable es que la Mesa del Congreso de los diputados, con los votos de PP y PSOE voten su inadmisión a trámite. Pero mientras tanto, centenares de compañeros y compañeras habrán estado movilizados trabajando, perdiendo el tiempo y gastando recursos para nada. Recuérdese que en los 32 años de democracia, sólo se ha aceptado por el Pleno del Congreso una única ILP de las 9 presentadas. ¿Es realista pensar que la segunda que se apruebe será la nuestra? En este asunto, como en tantos otros, se está haciendo el ridículo absoluto. Somos el hazmerreírr.
Merecería la pena detenerse en la política absurda y un tanto irresponsable de ir de la manita de la Unión de Oficiales y de otras asociaciones, cuando sus intereses distan mucho de los de la generalidad de nuestros afiliados. El colmo del despropósito y un ejemplo clarificador del grado de renuncia que AUGC hace de sus principios, su historia y las aspiraciones de sus afiliados es observar en la web de la citada asociación profesional defensora de los derechos de una parte de los siempre privilegiados oficiales, el logotipo de AUGC sobre una afirmación tan falsa como esta: “Queremos ser militares, pero con derechos”. Nunca en mi vida creí llegar a leer esta declaración de principios bajo el logotipo de AUGC. Y así, no es raro que el PSOE utilice a su conveniencia "nuestro deseo" de querer ser militares, para igualarnos en derechos con los miembros de las FAS. Un auténtico dislate.
Las amenazas de dimitir del Consejo de la Guardia Civil proferidas ante el propio presidente del Consejo el día 20 de junio, constituyen otro ejemplo más de la supina irresponsabilidad que embarga a nuestros dirigentes y de su comprometida situación. Porque las dimisiones no se anuncian, ¡se presentan! En AUGC no. En AUGC lo anuncian a bombo y platillo, se lo dicen al director y a los generales, a ver si consiguen asustarles... pero ahí siguen, en el Consejo y sin dimitir. Y con tanto farol y con tanta amenaza de dimisión pero sin hacerla efectiva jamás, porque nunca se les ha pasado por la cabeza seriamente, la credibilidad de AUGC está por los suelos y sin margen de maniobra. ¡Patético! Los dirigentes actuales han pasado de recibir en pie al director general del Cuerpo en sus asambleas y tomarse cubatas con diputados del PSOE a que no les cojan el teléfono, sin solución de continuidad. Y claro está, la frustración y el desconcierto son enormes.
Como respuesta a los retrocesos en materia de derechos, la Junta Directiva de AUGC ha anunciado, junto a otras asociaciones profesionales, una nueva manifestación. Otra más y van tres. A parte de la creación de una Asociación de familiares a la antigua usanza. Pero no se dan cuenta que una manifestación por sí misma, si no va acompañada de más acciones, de una estrategia continua, no hará que se consiga nada. Igual que las anteriores que han organizado estérilmente. Al respecto, me remito a mis reflexiones de diciembre del año pasado. Pero quiero añadir algo más. ¿Cuántas manifestaciones ha organizado AUGC ha nivel nacional desde la aprobación de la Ley de Derechos y Deberes de los guardias civiles? Si la memoria no me falla, llevamos dos (18-10-2008 con los sindicatos de la Policía Nacional y 18-9-2010 con otras asociaciones de guardias), a parte de otras concentraciones menores. ¿Qué se ha conseguido? Nada, a parte de acumular expedientes disciplinarios sin ningún beneficio. Nada. ¿Por qué? Porque el planteamiento es erróneo desde su mismo origen. Ya pasó en el año 2007 y hubo gente que no lo entendió. Las manifestaciones no son un fin por sí mismo, sino un instrumento para lograr un objetivo superior. Aquí funcionan a base de acción-reacción y no hay más estrategia que esa. Ahí termina todo. Y así no puede haber más que lo que hay: unos dirigentes que no son más que figurantes, unos de historia lúgubre, otros verbosos y todos unidos en matrimonio perpetuo con el fracaso.
Tras cada manifestación ha habido, cómo era previsible, apertura de expedientes disciplinarios y no se ha conseguido nada de nada, sencillamente porque nuestros dirigentes lo primero que han hecho ha sido exigir cobardemente el archivo de sus expedientes, sin entrar a negociar nada más. Han dejado clarísimo al Gobierno lo atemorizados que están, dónde está su punto flaco y que arreglar la situación de los expedientados es lo primero y de esta forma, se han convertido en rehenes del Ejecutivo. Ahora, los dirigentes-rehenes proponen una nueva manifestación pero ¿qué se pretende conseguir? ¿Es realista pensar que el Parlamento o el Gobierno darán marcha atrás en su decisión de prohibir las manifestaciones reivindicativas de guardias, solo porque se vuelva a convocar otra manifestación por parte de aquellos a quienes los dos partidos mayoritarios acaban de privar de ese derecho? Es obvio que no y que eso lo complicará todo aún más. Persistiendo en esta política improvisada, suicida e inútil, vamos a conseguir hacer bueno aquello que decía José Saramago en su novela 'Las intermitencias de la muerte': “Las manifestaciones nunca han servido para algo. De otro modo, nunca se autorizarían”.
Hubo una manifestación que sirvió y de mucho: la del 20 de enero de 2007. También la del 22 de abril de 2006, ambas en la Plaza Mayor de Madrid, que le costó el cargo a Carlos Gómez Arruche. ¿Ya nadie se acuerda? Es normal que no, dado que muchos de los delegados actuales ni siquiera estaban en la Asociación, por lo que no han conocido los tiempos en que se conseguían los objetivos. Sé muy bien la diferencia entre aquellas movilizaciones eficaces y las sucesivas, estériles. Entonces había una estrategia que no se acababa con la manifestación y existía la determinación nítida de no parar hasta lograrlo, pagando el precio que hiciese falta sin quejarnos, además de que teníamos capacidad de persuadir, lo que no sucede ahora. Nunca se habló con la Administración, con posterioridad a las manifestaciones, de expedientes disciplinarios ni sanciones. Jamás, aunque es verdad que hubo quienes se fueron al PSOE a negociar por su cuenta. Son algunos de los que ahora lloran cobardemente porque no les cierran sus expedientes… ¿Dónde está el elemento diferenciador de las manifestaciones que han sido útiles de las que han sido inútiles? Los dirigentes de la Asociación y sus planteamientos para evitar ser sancionados. Quien no lo quiera ver, que no lo vea, pero esta ceguera colectiva que embarga a los delegados provinciales de AUGC nos está llevando a todos 15 años atrás. Y eso es imperdonable. La responsabilidad de lo que está pasando ya no es solo del PSOE ni del PP, sino que los responsables de la Asociación -también de la mayoría de los delegados provinciales- se han hecho cómplices consintiendo que la organización esté desarmada y muda, permitiendo que se les utilice como moneda de cambio. No hay capacidad de influir, ni vías de interlocución. NO HAY NADA Y ASÍ NOS VA A TODOS POR SU INCAPACIDAD Y SU DESIDIA...
Los cauces de comunicación con la Administración están rotos. No hay estrategia. No hay estructura adecuada y eficaz en la organización para llevarla adelante, como sí hubo en su día. Y los interlocutores están absolutamente quemados, sin posibilidad de reconducir la situación, a parte de que no están capacitados para hacer frente a situaciones difíciles. Cada errático paso que se da agrava el problema y cada día que pasa, también. No hay más salida que buscarles sustitutos, porque de seguir así van directos a la inmolación profesional y personal. Y con ellos están arrastrando a AUGC. El martirio a cambio de nada. Las llamadas retóricas a la lucha, las arengas y las soflamas del tipo “¡Ganaremos esta batalla! ¡Podemos! ¡Lo vamos a conseguir! ¡A por ellos…!”, son esperpénticas y ridículas, suenan huecas y no conducen a ningún lado. El propio secretario general lo reconoce con franqueza en la entrevista que he citado al principio. Están mudos, además de atados de pies y manos y a merced de la Dirección General y de los generales. Y con ellos, todos nosotros y la propia organización. Sin embargo, su análisis es de una simpleza alarmante, porque lo que debería preguntarse Alberto Moya y los demás es ¿cómo se ha llegado a esto? ¿Cómo es posible que AUGC haya pasado de la victoria al fracaso en tan poco tiempo? Durante su mandato, esta organización ha perdido de forma alarmante su influencia, la capacidad de respuesta y la presencia mediática. Y todo eso nos lleva al deprimente punto en el han colocado a todos los guardias civiles.
Exhorto a los responsables provinciales y nacionales de la organización a detenerse, reflexionar sobre dónde están, qué se ha conseguido en los últimos años y a la vista de esta reflexión, plantearse TODAS las posibilidades posibles para salir de este embrollo. Ya no se trata de apoyar a los colegas con medidas improvisadas sin calcular las consecuencias. La simple y estúpida acción-reacción no conduce a nada. La convocatoria de una nueva manifestación, sin más, es otro ejemplo de lo que acabo de explicar. Se trata de los guardias civiles y del futuro de AUGC. Y también, por qué no decirlo, del futuro profesional de los dirigentes expedientados. Ellos ya no pueden aportar nada más a la lucha y su futuro está seriamente comprometido, sin –y esto es lo peor– haber conseguido avances en nuestros derechos, sino todo lo contrario. Son un estorbo y ellos lo saben. O toman el timón caras nuevas, sin las mordazas y ataduras que tienen estos, o dentro de siete meses la situación será aún peor de lo que es ahora. Cuanto más tarde la organización en ver esto, más hondo será el pozo del que habrá que salir. Los dirigentes actuales y el colectivo con ellos. Y lamentablemente, quizás habrá quienes no puedan de salir de él y no habrá forma de ayudarles. Me gustaría equivocarme pero creo que será así, para desgracia de todos.
El 2 de diciembre del año pasado terminé mi artículo así: “Lamento la situación enormemente, pero mientras no se reconozca por parte de todos los dirigentes actuales de AUGC, sean del ámbito que sean, que la actual JDN está abrasada e incapaz de solucionar el conflicto sin arder ellos mismos arrastrándolos a todos, no hay razones para pensar que la situación pueda remontar”. El tiempo me está dando la razón inexorablemente. Hoy estamos peor que hace medio año y muchísimo peor que hace cuatro años, y no hay razones para pensar que la situación vaya a mejorar. ¿Qué hace la Asociación y sus dirigentes al respecto? Nada, porque nada pueden hacer en estas circunstancias. Hay que ponerle remedio ya, sin demora, porque AUGC se está jugando mucho. Se lo está jugando TODO.
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