Como se podrá sospechar, ha sucedido algo que me ha impelido a terminar mi silencio. Ha sido algo en el ámbito de la Guardia Civil y de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC). Algo que considero grave, no por el hecho en sí, sino por la suma que resulta de unos cuantos actos con los que no puedo estar de acuerdo y quiero que así conste. Pero antes de nada debo decir que apoyo en todo las reivindicaciones de los y las guardias civiles y me solidarizo plenamente con aquellos compañeros que, por defender los intereses de los afiliados y afiliadas a AUGC, sufren represalias en forma de expedientes disciplinarios. He pasado por ello antes y sé lo duro que es. Pero hay cosas con las que no puedo estar de acuerdo porque considero equivocadas y contraproducentes.
El día 25 de junio de 2010, la asociación profesional de la que fui secretario de comunicación (julio 2003 - octubre 2006) y secretario general (octubre 2006 - abril 2008), llevó a cabo una concentración en Madrid, junto a la sede del sindicato Comisiones Obreras, donde unas personas disfrazadas con capotes verdes, tricornios y esparadrapo rojo en la boca, reclamaban en nombre de AUGC “No más recortes. Por una jornada laboral digna”. En un lateral, sin tomar la pancarta, pudimos ver al actual secretario general de AUGC y vocal del consejo de la Guardia Civil, Alberto Moya. Debo decir que ya me pareció equivocada esta representación teatral, básicamente por lo que tiene de salto en el tiempo, recurriendo a agentes retirados para reivindicaciones que deben protagonizar los interesados, si de verdad lo son.

El 18 de septiembre de este año 2010, AUGC cosechó un éxito importantísimo al celebrar una manifestación en Madrid que inicialmente había sido prohibida por la Subdelegación del Gobierno y posteriormente autorizada por los tribunales de Justicia. A esta manifestación acudieron miles de agentes de toda España.
En este ambiente de encendido conflicto colectivo, donde incluso el ministro del Interior Alfredo Pérez Rubalcaba pidió “por favor” a los agentes de la Agrupación de Tráfico que cesaran en sus protestas y abandonaran la “huelga de celo”, volviendo a denunciar las infracciones como lo hacían meses antes; se han abierto numerosos expedientes disciplinarios a varios dirigentes de AUGC. En ciertos casos, la acumulación de sanciones sufridas pone en peligro grave la propia continuidad en el Cuerpo de algunos compañeros.
Pues bien, en esta coyuntura donde, por más que se ha señalado tras la manifestación de septiembre que la pelota está en el tejado del Gobierno, el ejecutivo no ha dado ninguna muestra de querer resolver el conflicto mediante la negociación y persiste en su empeño de recurrir a las sanciones disciplinarias contra dirigentes de AUGC (quienes, dicho sea de paso, no lo ponen muy difícil ateniéndonos al contenido de ciertas declaraciones ante la prensa), los dirigentes nacionales de AUGC, fundamentalmente aquellos que están en situación más comprometida desde el punto de vista disciplinario, parecen haber caído en la desesperación y en el pánico.
Antes de ayer, martes 30 de noviembre, comparecían ante la prensa tres compañeros en situación de retiro vistiendo su uniforme pero encapuchados, para leer un manifiesto donde pedían el cese de los expedientes. La imagen lo dice todo.

Creo honestamente que es un grave error recurrir a los compañeros retirados para llevar a cabo actos de protesta que deben protagonizar en todo caso los dirigentes de la Asociación. Así lo entendimos en su día y así lo hicimos tanto mi antecesor Fernando Carrillo, como yo mismo. Obviamente, no salió gratis, pero ya se sabe que si alguien quiere conseguir algo, algo le va a costar... Sé de lo que hablo y creo que nadie me puede negar la coherencia de mis planteamientos. Ya no es época de reivindicar por persona interpuesta, mucho menos de esta guisa.
Digo más. Durante muchos años, antes de que yo llegase a ser secretario general de AUGC, fueron los retirados y las esposas de los guardias (todos recordarán las asociaciones de familiares y simpatizantes) quienes protestaban activamente. Y más allá de acumular titulares más o menos llamativos en la prensa, nada se consiguió. Absolutamente nada. Como sucede ahora. El ejecutivo de turno cargaba con el teórico desgaste y sancionaba a diestro y siniestro. Cuando de verdad se consiguieron cosas es cuando los guardias civiles nos pusimos al frente de las reivindicaciones y de la movilización cuando hizo falta. Dando la cara y a pecho descubierto. Sin capuchas. La razón esencial por la que, a mi juicio, no hay resultados es porque no hay estrategia y únicamente se llevan a cabo acciones absurdas sin continuidad, dando palos de ciego que no ayudarán ni, por un lado, a conseguir ninguno de los legítimos objetivos propuestos para mejorar la situación laboral del colectivo, ni por otro lado, revertir la delicada situación en la que algunos dirigentes se encuentran ahora mismo en el ámbito disciplinario. Más bien todo lo contrario. Rubalcaba no soltará la presa llevando a cabo acciones de dudosa legalidad y nula eficacia. Si alguien cree que la humillación de un ministro pidiendo “por favor” públicamente, o el varapalo de la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid sobre la manifestación, va a salir gratis, no sabe a quién tiene delante. Y menos aún van a doblegarse los altos mandos del Cuerpo, quienes a través de una asociación pantalla que ha visto recientemente la luz, ya se expresan en voz alta y sin miedo para criticar a AUGC y defender el estatus militar de la Guardia Civil.
A mi juicio, aquellos sobre quienes pesa mayor riesgo deben abandonar sus responsabilidades con urgencia y dejar de exponerse a un peligroso futuro profesional. Están absolutamente quemados y lo demuestra el mero hecho de que no son capaces de comparecer por sí ante la prensa, por temor a las represalias consiguientes. Es comprensible y humano. Pero sin quererlo, se han convertido en el verdadero talón de Aquiles de AUGC y por extensión, de todo el movimiento asociativo profesional, quien si carece del empuje decisivo de la organización mayoritaria, es incapaz de hacer nada.
Su prioridad, no cabe duda, es arreglar su delicada situación personal. Pero ellos ya no están en situación de procurarse el arreglo, como no sea a costa de todos los demás y de los objetivos de todos... Y las actuaciones teatrales que ponen en marcha, aún complican más la posibilidad de una salida digna y satisfactoria.
Pensar que Rubalcaba y los generales cederán, recurriendo a acciones teatrales estrambóticas con agentes retirados hace muchos años, que se visten el uniforme para presionar al Gobierno, es no tener ni idea de lo que cabe esperar del Gobierno y de su actual vicepresidente 1º y ministro del Interior. ¿Acaso no hemos aprendido nada?
Recuerdo que tras la manifestación del 20 de enero de 2007, el PSOE tardó 47 días en llamarnos para negociar los anteproyectos de ley que aprobaría el Gobierno. No lo hicieron hasta el día 9 de marzo. Durante esos largos 47 días, además de abrirnos expedientes por faltas muy graves a una veintena de compañeros y suspendernos a todos cautelarmente (eso es estar sometidos a auténtica presión, no lo que sucede ahora...), se maniobró de todos los modos posibles para desestabilizar internamente a AUGC. Y lo consiguieron meses más tarde. Siempre hay chacales dispuestos a saltar sobre quien sea, por miedo, por ambición o por quién sabe qué otros intereses. Algunos miembros de la JDN se reunían a espaldas del resto de compañeros con dirigentes socialistas y prometían la entrega de la cabeza del secretario general y del resto si sus expedientes quedaban en poco o en nada... Así sucedió. Los mismos que entonces aceptaron vender a la Asociación acabaron por ostentar su máxima representación con la anuencia de la mayoría, no de los afiliados y afiliadas, a quienes todo se ocultó para evitar males mayores y la desbandada general, sino de unos pocos dirigentes provinciales, algunos de ellos retirados, sin más capacidad que la de atender el teléfono en sus delegaciones y cuyos intereses están alejados de los objetivos comunes. Ahora parece que, al menos, nadie irá a apuñalar por la espalda a los actuales dirigentes, pero la situación está como está dada su incapacidad manifiesta para resolverla. Cuando se echa mano a los jubilados encapuchados, es que ya no hay nada más que se pueda hacer.
Después de algunos años de extrema docilidad con el PSOE, donde incluso se recibió puestos en pie y entre aplausos al director general del Cuerpo en una asamblea general en Madrid, la presión de los afiliados y afiliadas exigió resultados. Mejoras. Menos palabras y más hechos. Y lo cierto y seguro es que después de dos buenas leyes (la en su día tan criticada por algunos visionarios ley de derechos y deberes, y la de régimen disciplinario), que mi equipo y yo tuvimos el honor y la responsabilidad de negociar (no los actuales dirigentes, que de esto no saben nada), ningún progreso ha habido desde entonces que merezca tal nombre.
Empujados a la movilización, ahora se pagan las consecuencias de emprenderlas sin más estrategia que la contratación de autocares... Llenar autocares y abarrotar Madrid de guardias civiles era lo más fácil y lo hace cualquiera. Lo difícil es conseguir los objetivos propuestos a través de la negociación. Y transcurridos 74 días tras la manifestación, ¿qué se ha conseguido? NADA. Porque nunca se pensó en el día después. Se planteó la manifestación como un objetivo en sí mismo, sin caer en la cuenta de que era un fin para conseguir otros objetivos más tangibles e importantes. Pura incapacidad.
Y así las cosas, fruto de la desesperación y del miedo, se recurre a los retirados que ejecutan un sainete destemplado, ofreciendo a Rubalcaba y a los generales la certeza de que tienen a los negociadores de AUGC muertos de miedo y justamente en la situación más propicia para ellos. Y corriendo el riesgo de poner a la opinión pública en contra de la organización, como a mi parecer está sucediendo.
Lamento la situación enormemente, pero mientras no se reconozca por parte de todos los dirigentes actuales de AUGC, sean del ámbito que sean, que la actual JDN está abrasada e incapaz de solucionar el conflicto sin arder ellos mismos arrastrándolos a todos, no hay razones para pensar que la situación pueda remontar. Por descontado, tirar de retirados encapuchados no es el camino para volver a sentar al PSOE y a Rubalcaba en una mesa de negociación. Y tirarse al monte como algunos pretenden (y no hablo de las huelgas de hambre que algunos descerebrados proponen...) es estar muy alejado del sentir mayoritario del común de afiliados y afiliadas y a estas alturas, ya no es de valientes, es de suicidas.




